Buenos lectores:
Existen días que están para alegrías y días para recibir noticias.
Sobre todo cuando son oscuras, tristes y desangeladas. Es un poco lo que me pasó con este guion. Y, no. No es por que sea mal guion.
Cuando esta tarde a primera hora me senté en el parque y cerré unos momentos los ojos pensaba que ya tenía el comentario de este guion que aquí presento escrito, bien redactado y atado.
Me equivocaba de pleno.
Lo que pensaba era una entelequia. Me gusta como suena entelequia.
Ver una representación de teatro horas más tarde me demostró que no tenia el comentario correcto, que todavía era una cosa irreal que tenía ante mis ojos. Mi problema estaba siendo que no lo veía, el guion, como fin u objeto de una actividad que la completa y perfecciona. Lo veía sólo como un camino o el comienzo de un camino. Si pensamos en las dos versiones de este guion. Había escrito sobre el guion como texto, pero no como obra en sí misma.
Fue la representación de la obra teatral. Esa versión curiosa de Hamlet lo que me hizo abrir los ojos.
Recordé que Laura Smith en su curso sobre redacción de guion de cine nos habló de como leer un guion. Explicaba que teníamos que ver cada segmento como una viñeta de un cómic, con el dibujo como descripción ambiental, y los diferentes diálogos y voces como los bocadillos. Bocadillos integradores de diálogos y parte narrativa pero con voz de los personajes contando al narrador como personaje. Decía que leer un guion es leer una secuencia de datos que crea la ilusión de una imagen que sucede ante nosotros. Añadía que en caso de no dar hecho ese tipo de lectura que obviásemos las notas técnicas del guion y lo leyésemos como obra de teatro.
Había olvidado eso completamente. La adaptación de Hamlet con su irrealidad me lo recordó.
Así mientras volvía en el autobús a casa en la pequeña pantalla de mi móvil volví a entrar en la lectura del guion. Penetré con cautela en su ficción, y me gustó lo que vi. Me gustó mucho en varios sentidos.
Primero, Andrew W. Marlowe no intenta una quimera sino que acude a momentos reales, diarios, de un escritor o una persona común, de una detective, de una posible expresión artística... A esos instantes les infunde vida, personalidad, chispa.
No como algo nuevo sino como algo que ya hemos visto y que sabemos que funcionó en tiempos pasados en otros guiones de otras series y funcionará otra vez en esta. La entelequia.
Segundo, la entelequia para este guion no es el crimen sino el medio que llega como una fantasía para unir a dos personas que posiblemente de otra forma no se conocerían jamás: Beckett y Castle. Por qué... ¿Cuántos podemos llegar a conocer personalmente a los escritores cuyos libros leemos en nuestro rincón privado y personal?
El crimen crea esa posibilidad de unión. Es lo maravilloso de este primer guion: Como surge ese nexo, como se crea esa unión, como se perfila una relación, una gran historia desde dentro y desde el inicio. Eso, amigos, no se encuentra en muchos guiones solos, insulsos, aburridos, y de los que sale algún tipo de creación sólo de forma extraña, casual y fuera de comprensión.
Este guion si perfila una creación, una necesidad, un misterio, una evolución que es fácilmente compresible por el lector. Eso vale su peso en oro pues implica que lo mismo pasará cuando se lleve a la pantalla.
Finalmente, vemos como la historia viaja, los nombres cambian, las imágenes fluyen. Es lo que debe ser, lo que tiene que ser, y lo que puede llegar convertirse. Ya en este inicio, ya en este guion se ve como un escritor inicia su viaje. De estar pendiente de algo en la pantalla que le inspire, a que la inspiración le alcance en un momento que él tacha de monótono. Y, el nuevo personaje nace y se perfila ante nuestros ojos mientras leemos.
Si tenéis la oportunidad. Leed las dos versiones del guion que se pueden ver en línea. No defraudan y entenderéis mucho del guion de este episodio de Castle y del episodio en pantalla también.




















