Existen obras que llegan a uno cuando es niño y que, a pesar de que con los años cambien nuestros gustos, o la forma de leer o comprender las historias, permanecen en un rincón de la memoria. sobre todo si esa obra llegó en un momento de soledad o de enfermedad convirtiéndose en compañía y amistad necesarias. Es lo que me sucedió a mí. Es lo que sucede con muchos clásicos que llegaron a nuestras manos con las adaptaciones de "Joyas Literarias Juveniles" de Bruguera. Una de ellas esta obra de Salgari: "El León de Damasco".
Encontramos así una adaptación de Bruguera que salió originalmente con el número 68, con guion de José Antonio Vidal Sales, dibujos de Franc Fuentes Man y portada de Antonio Bernal. Versión que después en otras ediciones cambiaría de número. Es decir, son en todo caso tebeos que no solamente pretendían y pretenden llegar al público joven, sino que el lector entrase en ese mundo de aventuras, persecuciones, combates y personajes enfrentados por sus lealtades. Además, una obra como esta invitaba al lector a querer dibujar esos personajes, o a intentarlo, al menos.
A veces consideramos este tipo de adaptación como infantil o juvenil. Un error natural. Pues se dirigían a ese público, pero son también adaptaciones interesantes para los adultos, pues permiten mostrar otra forma de contar una historia que tal vez ya se haya visto novelada o adaptada al cine. Lo triste es que hoy hay grandes dibujantes en España y se intenta volver a este tipo de obras, pero hoy esta forma de contar aventuras se ha perdido bastante en detrimento de una estética más violenta y con acción más llamativa.
Para comprender el cómic tenemos que comprender un poco la obra de la que procede. Primero, por la propia construcción de Salgari donde el título parece dirigirse a un personaje concreto cuando la obra se vincula a los libros del Capitán Tormenta. Eso hace que si uno no lo sabe pierda parte del sentido de la historia. Segundo, en la obra hay un enfrentamiento o hay enfrentamientos, pero también existe algo que por lo menos en nuestro mundo actual y real parece haberse perdido en ciertas estancias y niveles de la sociedad: el respeto por los adversarios.
Esos eran aspectos que Salgari sabía manejar maravillosamente.
No estamos simplemente ante buenos contra malos. Encontramos personajes que tienen sus propias razones, sus lealtades y sus códigos de honor. El enemigo puede convertirse en alguien digno de respeto y el aliado puede encontrarse en situaciones donde debe tomar decisiones difíciles.
Y quizá sea precisamente ahí donde una adaptación aparentemente sencilla como esta empieza a ganar interés cuando la volvemos a leer siendo adultos. Por que de niños vemos aventuras pero de adultos podemos ver lo que existe detrás de ella.
Vemos la guerra, pero también vemos las consecuencias de la guerra. Vemos los combates, pero también relaciones entre quienes están obligados a enfrentarse. Vemos persecuciones y enfrentamientos navales, pero también una concepción de la aventura donde la palabra dada, la amistad y la lealtad tienen un peso enorme.
Todo eso lo vemos en el cómic en gran parte gracias al guion adaptado, pero también a la ilustración, al dibujo que acompaña los textos.
En cuanto al dibujo de Fuentes Man, nos encontramos con una estética muy característica de aquellas adaptaciones de Bruguera, una estética hoy en día prácticamente desaparecida en cómic, pero también en ilustraciones de libros. Hay escenas de gran dinamismo y una utilización de la página que busca que el lector avance rápidamente. No estamos ante una historieta que quiera detenerse constantemente para experimentar con la narración gráfica: quiere contar una aventura y quiere hacerlo de forma directa.
Y eso, amigos lectores, también tiene su encanto. Si, incluso hoy en día con los nuevos estilos de dibujar cómic y manga.
¿Por qué?
Mirad, el lector pasa las páginas y encuentra barcos, espadas, persecuciones, cuevas, enfrentamientos y personajes que parecen estar constantemente a punto de encontrarse con un nuevo peligro. Es una narración pensada para mantener viva la sensación de aventura. Algo que todavía hoy funciona aunque se prefiere, o eso parece, una estética distinta.
Además, las cuebiertas de Antonio Bernal tienen una importancia especial dentro de esta colección. Para muchos lectores aquella portada, esta portada, esta la primera puerta hacia la historia. Antes de conocer a Salgari, antes de saber quién era el Capitán Tormenta o qué significaba el León de Damasco, estaba aquella imagen que prometía una aventura y que podéis ver acompañando este comentario.
Y eso forma parte también de la memoria no sólo de una generación de lectores, puede incluso que de dos. Y, yo espero que de más.
Posteriormente, "El León de Damasco" volvió a circular en ediciones diferentes, en otras, entre ellas las relacionadas con Ediciones B. Para el coleccionista puede resultar interesante comparar esas ediciones, pero para queien simplemente quiera recuperar la historia lo importante sigue estando dentro de las páginas: la aventura de Salgari y esa capacidad que tenían aquellas adaptaciones para convertir una novela extensa en una lectura rápida y visual que podía varían en el número de ilustraciones, pero que en esencia siempre tenía la misma marca de fabrica, or así decirlo.
¿Es una adaptación perfecta, son adaptaciones perfectas? No necesariamente, pero si son efectivas.
¿Puede o pueden sustituir a la novela original? Tampoco, pero ayudan a entrar en ella con más facilidad.
En todo caso ese no debería de ser el modo de juzgarla o juzgarlas.
Una adpatación de "Joyas Literarias Juveniles" tiene sentido cuando consigue que alguien termine el cómic y quiera saber más. Que quiera buscar la novel de Salgari. Que quiera conocer a lCapitán Tormenta. Que quiera descubrir qué ocurrió antes o después de aquella historia. Y eso es lo correcto para esta adaptación tanto como para las adaptaciones actuales que se hacen en distintos formatos.
Y si consigue eso, entonces ha cumplido iuna función que considero mucho más importante que la de ser simplemente una versión resumida de un clásico en formato cómic. Porque quizá ese sea uno de los grandes valores de estos tebeos. Nos enseñaron que una biblioteca podía empezar en una tienda de cómics. Que una historia dibujada podía llevarnos hasta una novela increíble. Que detrás de unas pocas decenas de páginas poía existir todo un mundo literario.
Y cuando uno vuelve muchos años después a "El León de Damasco", descubre que no solamente está leyendo a Salgari. Está leyendo también una pequeña parte de la historia de cómo muchos lectores españoles descubrimos la literatura de aventuras.
Por eso recomiendo recuperar este cómic en un formato manejable y económico a quienes puedan publicarlo actualmente tanto como a quienes lo leyeron en su infancia como a quienes nunca tuvieron la oportunidad de acercarse a él.
A los primeros les permitirá eso llegar a un gran número de lectores presentes y pasados. A los siguientes les permitirá reencontrarse con una forma de leer que quizá tenían olvidada. A los últimos por permitirles descubrir que detrás de aquellas colecciones de Bruguera había mucho más que simples adaptaciones para niños y jóvenes.
Había una puerta hacia Salgari, hacia Stevenson, hacia Verne y hacia tantos otros escritores que hicieron que generaciones enteras soñásemos con mares lejanos, ciudades desconocidas, piratas, exploradores, héroes y aventuras.
Y "El León de Damasco" es sin duda, una de esas puertas.
Así que buscadlo en vuestra biblioteca, en una librería de viejo o nuevo, o entre esos tebeos que quizá alguien conserve todavía en una caja o casi olvidados en una estantería.
Porque algunas aventuras merecen ser rescatadas del olvido de los lectores y, también, de los editores..
Y, las de Emilio Salgari, todavía más.





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