Cuando uno es niño descubre que existen libros que conforman nuestra genealogía como lectores, libros como los de los integrantes de la Generación del 98: Unamuno, Baroja, Maeztu, Machado, Juan Ramón Jiménez... Obras de teatro como "Las Criadas" de Jean Genet o historias como la de Genoveva de Brabante.
Así descubrimos que hay libros que nos abren las puertas de mundos desconocidos y nos invitan a abandonar la seguridad de lo cotidiano. De esta forma pasa con "La Isla de la Aventura" de Stevenson, una obra donde el mar y la tierra representan tanto la libertad o el misterio como el peligro. Un peligro que aparece en una isla y una promesa de fortuna que invita a desear profundizar en aquello que es desconocido. El autor no se limita a la mera historia de aventuras, sino que nos invita a descubrirnos a nosotros mismo, nuestros temores, nuestros anhelos, por medio de unos personajes obligados a cruzar sus propios límites.
Como con la lectura de "Hojas para el arte" de Stefan George junto al protagonista emprendemos un viaje que cambia vida y espíritu. Descubrimos con sus experiencias que no todo es lo que parece y que existen peligros ocultos tras sonrisas y amabilidad. Estas pueden ocultar traición, egoísmo, deseo de poder... Stevenson nos intenta recordar la importancia de la honestidad y la conciencia no solo hacia otros sino hacia nosotros mismos.
Existe una cosa de esta novela que me admiró, y no es la primera con la que me sucede, tanto como La balsa de La Medusa de Gericault y es como Stevenson tiene una capacidad innata para mantener vivo el interés mediante suspense, terror, descripciones y ritmo narrativo. El rumor del mar, los bosques de la isla u otros espacios con sus misterios y amenazas. Todo ello crea esa belleza maravillosa del peligro en la literatura que consigue envolvernos como lectores si nos dejamos llevar.
En las últimas palabras de esta publicación, amigo lector, decir que creo que el mayor riesgo de esta obra pero también su mejor tesoro no se encuentra en el miedo que nos envuelve, sino en las enseñanzas que la obra deja en nosotros. Las experiencias y la visión sobre lo más profundo de la naturaleza humana que realiza el autor es lo que nos recuerda que a veces descubrir el mundo tiene contradicciones. Esta novela hace que todos guardemos, en un rincón de la memoria, ese lugar imaginario donde viven nuestros sueños y temores. Puede que jamás surquemos los mares buscando aventuras o crucemos altas montañas o desiertos, pero todos tenemos nuestro viaje vital hacia la madurez y la comprensión personal del mundo que nos rodea.
Eso es lo que puedo decir con afecto, de esta obra. No tengo mucho más ni mucho menos... o eso creo. Así que me despido hasta el próximo comentario del blog.
Hasta muy pronto, amigo lector.
