sábado, 24 de octubre de 2026

"LA ISLA DE LA AVENTURA" de Robert L. Stevenson (novela)

Saludo, amigo lector:

Cuando uno es niño descubre que existen libros que conforman nuestra genealogía como lectores, libros como los de los integrantes de la Generación del 98: Unamuno, Baroja, Maeztu, Machado, Juan Ramón Jiménez... Obras de teatro como "Las Criadas" de Jean Genet o historias como la de Genoveva de Brabante.

Así descubrimos que hay libros que nos abren las puertas de mundos desconocidos y nos invitan a abandonar la seguridad de lo cotidiano. De esta forma pasa con "La Isla de la Aventura" de Stevenson, una obra donde el mar y la tierra representan tanto la libertad o el misterio como el peligro. Un peligro que aparece en una isla y una promesa de fortuna que invita a desear profundizar en aquello que es desconocido. El autor no se limita a la mera historia de aventuras, sino que nos invita a descubrirnos a nosotros mismo, nuestros temores, nuestros anhelos, por medio de unos personajes obligados a cruzar sus propios límites.

Como con la lectura de "Hojas para el arte" de Stefan George junto al protagonista emprendemos un viaje que cambia vida y espíritu. Descubrimos con sus experiencias que no todo es lo que parece y que existen peligros ocultos tras sonrisas y amabilidad. Estas pueden ocultar traición, egoísmo, deseo de poder... Stevenson nos intenta recordar la importancia de la honestidad y la conciencia no solo hacia otros sino hacia nosotros mismos.

Existe una cosa de esta novela que me admiró, y no es la primera con la que me sucede, tanto como La balsa de La Medusa de Gericault y es como Stevenson tiene una capacidad innata para mantener vivo el interés mediante suspense, terror, descripciones y ritmo narrativo. El rumor del mar, los bosques de la isla u otros espacios con sus misterios y amenazas. Todo ello crea esa belleza maravillosa del peligro en la literatura que consigue envolvernos como lectores si nos dejamos llevar.

En las últimas palabras de esta publicación, amigo lector, decir que creo que el mayor riesgo de esta obra pero también su mejor tesoro no se encuentra en el miedo que nos envuelve, sino en las enseñanzas que la obra deja en nosotros. Las experiencias y la visión sobre lo más profundo de la naturaleza humana que realiza el autor es lo que nos recuerda que a veces descubrir el mundo tiene contradicciones. Esta novela hace que todos guardemos, en un rincón de la memoria, ese lugar imaginario donde viven nuestros sueños y temores. Puede que jamás surquemos los mares buscando aventuras o crucemos altas montañas o desiertos, pero todos tenemos nuestro viaje vital hacia la madurez y la comprensión personal del mundo que nos rodea.

Eso es lo que puedo decir con afecto, de esta obra. No tengo mucho más ni mucho menos... o eso creo. Así que me despido hasta el próximo comentario del blog.

Hasta muy pronto, amigo lector.

sábado, 17 de octubre de 2026

"LA NOCHE DE LA USINA" de Eduardo Sacheri

 

Lectores que este día tenéis libertad para vagar por Internet:

Apuesto lo que queráis a que siempre hay una vez primera en que alguien os ofrece leer un libro o conocer una persona. Sin embargo, algunas veces es todo un mundo cruzar de una esquina a otra de esa sala para conocer a esa persona, sea en un pub, discoteca o biblioteca, o ese libro, en una librería o biblioteca. Con todo es siempre importante aventurarse aún con la sospecha de no conseguir nada; pero, en todo momento con un pensamiento... Un pensamiento.

Muchas veces, el pensamiento con el que terminamos un libro cambia radicalmente cuando, justo después de cerrar sus páginas, nos enfrentamos a una película como Sirât, de Óliver Laxe. La lectura nos permite detenernos en los personajes, comprender sus decisiones y encontrar, incluso en las situaciones más injustas, una razón para seguir creyendo en las personas. El cine, en cambio, puede enfrentarnos de golpe a una realidad mucho más cruel, en la que no siempre hay explicaciones, justicia ni una recompensa para quienes luchan. Después de leer La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri, y ver Sirât, resulta inevitable preguntarse si la esperanza es una forma de resistencia o una manera de protegernos de aquello que no queremos aceptar. Ambas obras hablan, desde caminos muy diferentes, de seres humanos que intentan encontrar un sentido cuando las circunstancias parecen haber decidido por ellos.

En la novela de Sacheri, la injusticia no aparece como algo abstracto, sino como una experiencia concreta que se mete en la vida cotidiana de un pueblo argentino. La crisis económica, el engaño y la pérdida de los ahorros afectan a personas que habían depositado sus esperanzas en un proyecto colectivo. Lo interesante es que Sacheri no convierte a sus protagonistas en héroes extraordinarios: son personas corrientes, con sus manías, sus contradicciones, sus recuerdos y sus pequeñas miserias. Precisamente por eso resulta tan fácil comprenderlos. Como tal vez señalen muchos críticos, uno de los grandes aciertos de la novela es su capacidad para combinar la introspección psicológica con una narración coral, equilibrando la emoción con la audacia del argumento. No se trata solamente de recuperar el dinero perdido, sino de recuperar algo mucho más difícil: la sensación de que todavía pueden hacer algo con sus propias vidas.

Está claro el notorio talento de Sacheri que convierte con facilidad la novela en un alimento o bebida nacido en un campo inmenso sobrante de aire, olores e historias. Un alimento o bebida que es el testimonio de un ambiente, unos personajes cuyo mayor orgullo parece ser no envenenarse de culpa pero a los que parece que la culpa corroe como la bebida que se termina en ese termo rosa que una joven de gafas tiene a su mano mientras estudia en la mesa situada en esa esquina al otro lado de esa sala de la que hablábamos. Y, ¿Qué podemos estudiar aquí de la novela? Pienso que el estilo narrativo para empezar.

El estilo narrativo que se aprecia en las páginas de Sacheri se apoya especialmente en los diálogos, la observación de los gestos y una voz narradora que conoce las debilidades de sus personajes sin juzgarlos de manera implacable. Las conversaciones entre Perlassi, Lorgio y los demás protagonistas avanzan con una naturalidad que recuerda a las discusiones escuchadas en un bar, en un taller o en la sobremesa de cualquier casa. Hay ironía, desconfianza, silencios incómodos y frases que parecen no tener demasiada importancia hasta que revelan lo que alguien lleva tiempo guardándose. El lenguaje es accesible, pero no por ello superficial: detrás de una conversación sobre dinero, un negocio o una decisión aparentemente insignificante se esconden el orgullo, el miedo al fracaso y la necesidad de sentirse respetado. Sacheri consigue así que el lector conozca a los personajes no tanto por lo que dicen de sí mismos como por la manera en que hablan de los demás.

Otro aspecto destacable es la construcción de los personajes a través de sus acciones y de sus recuerdos. Perlassi, por ejemplo, representa una forma de entender la vida basada en la honradez, el trabajo y la responsabilidad, aunque la experiencia le obligue a enfrentarse a la fragilidad de esos principios cuando las reglas del juego favorecen a los tramposos. En las escenas que se reproducen a lo largo de la novela se observa cómo una conversación aparentemente práctica puede transformarse en una reflexión sobre el dinero, la confianza o las decisiones que uno toma cuando ya no quedan demasiadas alternativas. El narrador no necesita detenerse constantemente a explicar lo que sienten los protagonistas: basta con un gesto, una respuesta evasiva o una mirada para que aparezcan sus preocupaciones. Esa atención a los detalles cotidianos aporta humanidad a una historia que, de otro modo, podría haberse quedado en una sencilla aventura de venganza.

Sin embargo, la novela no se limita a presentar a un grupo de perjudicados que decide devolver el golpe a quienes los han engañado. Su dimensión más interesante está en la relación entre la justicia y la revancha. Cuando las instituciones dejan de ofrecer confianza y la legalidad parece proteger al más poderoso, los protagonistas empiezan a imaginar una solución por su cuenta. El lector comprende su indignación porque ha acompañado sus pérdidas y conoce sus motivos, pero esa cercanía también plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto podemos justificar una acción porque la consideramos una respuesta a una injusticia anterior? Sacheri juega con esa frontera sin convertir a sus personajes en modelos morales perfectos. La solidaridad que los une es admirable, aunque la operación que preparan también nace de la rabia y del deseo de reparar una humillación. Esa ambigüedad hace que la historia funcione más allá de su intriga.

Y quizá sea precisamente en ese punto donde el lector vuelve a encontrarse caminando por aquella sala del principio. Porque hay libros que se parecen a una conversación escuchada desde lejos y libros que obligan a levantarse de la silla para averiguar quién está hablando. La noche de la Usina pertenece a esta segunda clase. Uno comienza observando un problema ajeno, una estafa ocurrida en un lugar concreto, a personas concretas, y termina descubriendo algo que no le resulta extraño. Las preguntas que plantea dejan de pertenecer únicamente a Perlassi y a los demás habitantes del pueblo para instalarse silenciosamente en quien lee. ¿Qué haríamos nosotros ante una humillación semejante? ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar para recuperar no solo lo perdido, sino también el respeto hacia nosotros mismos?

Tal vez por eso la novela posee esa rara capacidad de ensancharse más allá de su argumento. Cuando cerramos sus páginas ya no estamos pensando únicamente en el plan, en los engaños o en las consecuencias de cada decisión. Estamos pensando en las personas que hemos conocido durante el trayecto. Como sucede cuando finalmente cruzamos la sala para hablar con alguien cuya presencia nos intrigaba desde la distancia, entendemos que la verdadera recompensa no consiste en resolver un misterio, sino en comprender algo más de quienes tenemos delante y, acaso también, algo más de nosotros mismos.

En este sentido, La noche de la Usina tiene algo profundamente argentino y, al mismo tiempo, universal. El trasfondo de la crisis económica y la desconfianza hacia quienes manejan el poder remite a una experiencia histórica concreta, pero la novela habla también de cualquier comunidad que se siente abandonada por quienes deberían protegerla. La Usina, el pueblo y sus habitantes adquieren una dimensión colectiva: representan un mundo pequeño en el que todos conocen las dificultades de los demás y en el que una desgracia individual termina afectando al conjunto. Frente al engaño, la respuesta no surge de un individuo aislado, sino de la cooperación. La novela reivindica así una forma de resistencia modesta, construida con ingenio, paciencia y complicidad, en la que la amistad no elimina los problemas, pero permite que las personas dejen de afrontarlos solas.

La comparación con Sirât introduce, no obstante, una diferencia esencial. En la película de Laxe, la búsqueda de una hija desaparecida se convierte en un viaje físico y emocional por un paisaje que parece indiferente al sufrimiento humano. Su relato, más sensorial y radical, no ofrece el mismo refugio en la complicidad de un grupo ni la misma confianza en la capacidad de los personajes para corregir el rumbo de los acontecimientos. Pero a pesar de ello hay que destacar precisamente su condición de parábola abierta, una película que obliga al espectador a buscar un sentido propio en lo que contempla. Mientras Sacheri construye una historia en la que el ingenio y la unión permiten imaginar una respuesta a la injusticia, Sirat confronta al espectador con la vulnerabilidad, el duelo y la posibilidad de que el mundo no proporcione una explicación satisfactoria. Vista inmediatamente después de la novela, la película puede hacer que su desenlace esperanzador parezca menos una certeza sobre la vida que una conquista de la ficción.

Quizá ahí se encuentre la mayor virtud de la novela de Sacheri: no en convencernos de que las personas honradas siempre terminan ganando, sino en recordarnos que la derrota económica o social no tiene por qué ser también una derrota moral. Su narración cercana, irónica y coral permite que una historia de estafas y planes se convierta en una reflexión sobre la dignidad, la memoria y la necesidad de pertenecer a una comunidad. Sirât, por su parte, amplía la perspectiva y nos recuerda que no todas las heridas pueden repararse mediante la voluntad o la solidaridad. Las dos obras se encuentran, pese a sus diferencias, en su atención a personajes que siguen avanzando incluso cuando han perdido el control de sus circunstancias. Al terminar La noche de la Usina, uno puede sentir que la inteligencia compartida abre una puerta; después de Sirât, quizá comprenda que esa puerta no siempre existe. Pero la esperanza de Sacheri no pierde valor por ello: se vuelve más humana, menos ingenua y, precisamente por eso, más necesaria.

Por consiguiente, decididamente es una obra que debéis tratar de leer con detenimiento.



viernes, 16 de octubre de 2026

"EL QUIMÉRICO ÍNQUILINO" de Roland Topor

Estimados Lectores:

"Come away, o human child.

 To the waters and the wild 

With a faery, hand in hand..."

(William Butler Yeats, "The Stolen Child")

Fragmentos de obras como este llegan a nosotros como fantasmas cuando estamos entre libros. Por que en esos momentos descubrimos que hay libros que se leen y libros que nos leen. Libro que esperan inmóviles en una estantería hasta que llega el momento de abrirlos y otros que, desde tiempos insondables, parecen estar aguardándonos en un lugar tan recóndito como esa habitación mal iluminada que se esconde secreta en nuestra propia cabeza. "El Quimérico inquilino" pertenece a esta segunda especie de libros.

Después de que en el Club "Arzúa Le" nos lo entregasen. Recuerdo haber comenzado la novela una tarde cualquiera entre mayo y junio, con la misma disposición con la que una acepta una tarea como ordenar documentos, revisar un cajón olvidado, responder una carta atrasada. Nada anuncia el desorden. Nada índica que, un tiempo después, tendría la sensación de dejar algo importante atrás, sin saber concretamente qué.

Entré en el libro. Mientras lo leía vi como la lectura avanza de una forma extraña. No es un camino ni una caída. Se parece más a esas tardes fijadas en los edificios antiguos donde el silencio parece proceder de las paredes y no del ruido existente de gentes o vehículos. Uno sigue leyendo, intenta comprender. Se confía en que la siguiente página revelará el secreto detrás de esa inquietud. Pero Topor posee la cortesía cruel de quién no entrega jamás las llaves de la casa y ese misterio dura hasta después de terminar la lectura y uno se queda pensando durante horas.

Mientras avanzaba por los capítulos, reparé en una comparación absurda que regresaba una y otra vez a mi mente mientras leía: leer esta novela era como enfrentarse a un examen de oposición para bibliotecario de un pequeño ayuntamiento perdido en el remoto espacio de un provincia. No por la dificultad, sino por la naturaleza de la experiencia. Una mesa. Normas. Formularios. Procedimientos aparentemente inocentes. Todo perfectamente razonable. Y, sin embargo, bajo esa superficie burocrática nunca se consigue la plaza. Así empieza a crecer una sospecha indefinible, ¿por qué esta ficha debe rellenarse así? ¿por qué ese reglamento existe? ¿Quién decide que nunca consiga el objetivo? Poco a poco, el orden deja de parecer una garantía y empieza a parecer una amenaza. Lo mismo con la novela.

Eso es precisamente lo que consigue Topor. Convertir la normalidad en una conspiración silenciosa.

Por eso quiero terminar diciendo que a mi la lectura de esta novela me produce una sensación que rara vez veo en la literatura actual: la impresión de que el mundo está apenas unos centímetros desplazado de todo aquello que realmente es justo, honrado, honorable y bueno para las personas individuales y la sociedad en general.

Buena lectura. Os invito a leer y meditar sobre esta obra.
 

jueves, 15 de octubre de 2026

"REFLEJOS DE UN OJO DORADO" de Carson McCullen

 

Estimados lectores:

En ocasiones los libros llegan de manos de otras gentes, o de esas listas  a las que se atan los clubes de lectura. Así me llegó pro primera vez esta obra de Carson McCullers, una autora que era para mi desconocida. Contar que unos meses después en un contenedor mientras recuperábamos libros con compañeros del Club Inklings Español el libro volvió a mi, y como la portada estaba rota uno de los compañeros realizó esta que veis en la foto y la integró al libro donde estaba la original de Seix Barral (espero que los de la editorial no se enfaden por esa restauración). El libro se quedó en depósito del grupo del Club de Lectura en A Coruña para su uso interno.

Dicho todo lo anterior tengo que decir que siempre cada lectura nos llega por un camino diferente, y siempre es el correcto para ese momento. Algunas veces los caminos se repiten y otras veces no, pero siempre es el camino de llegada correcto. Como ya os dije yo aterricé en la obra a través de un club de lectura, concretamente el club Arzúa Le, pero otros lo hacen a través de comentarios, de blogs o webs, palabras leídas o escuchadas en redes sociales e incluso por medio de comunicación más clásicos.

Si, es cierto que un conocido me dijo que no era un libro, y no es un libro, cómodo sino un libro con un latido constante y silencioso.

¿Y qué encontré?

Descubrí una novela que , desde la página uno parece escrita para crear incomodidad en algunos lectores. No por ser llamativa o de una narrativa estridente sino por la forma de obligarnos a mirar cara a cara aquello que tratamos de apartar de nuestra mirada: la soledad, la represión, el deseo que no encuentra cauce, la violencia que nace del silencio. La ambientación, una base militar, un microcosmos rígido, ritualizado, donde cada gesto parece dictado con antelación. En ese ambiente la autora despliega un escenario donde la humanidad late bajo la superficie, contenida, a punto de estallar.

La forma en que escribe tiene una lucidez feroz, incluso atroz. La prosa lenta y minuciosa, parece acechar al lector: sin prisa, pero sin posibilidad de poder huir. Las descripciones de la base, los barracones, los silencios que contribuyen a la atmósfera de la obra, opresiva, son mostrados como si se estuviéramos dentro y eso solo puede describirlo quien a estado dentro realmente. no es algo que se capte en una visita sino de quien vive ahí como pasa también en los cuarteles o en las comisarias. Eso se adhiere al lector como una piel sobre la piel y cuando se termina de leer es difícil de sacar.

Lo perturbador no es solo lo que ocurre, sino lo que deja entrever, lo insinuado. Carson McCullers no necesita mostrar el horror de forma explicita: solo necesita dejar la idea como una semilla. La homosexualidad reprimida, la infidelidad, la enfermedad mental, la violencia latente... Todo atrapado en las líneas de la novela, creando un malestar que va creciendo mientras se avanza en la lectura. Se banaliza el mal y se hace desde un entorno donde la norma pretende ser el sustituto de la humanidad, pero donde esta inevitablemente se abre paso con dureza y en su forma más oscura.

No es una novela ara emocionar ni entretener. Busca desestabilizar, crear dolor. Su grandeza está en esa valentía que nos obliga a mirar lo que no es patrimonio de monstruos excepcionales sino de cada uno de nosotros.

"Reflejos en un ojo dorado" divide, perturba y, por eso, es necesaria. Nos recuerda que la literatura no es solo consoladora: a veces está para mostrarnos nuestros fantasmas.

miércoles, 14 de octubre de 2026

"NO TOCARÁS" de Nuria Pérez

 

Buen lector que llegas a este pequeño espacio:

Cuando uno lee mucho termina descubriendo una cosa tarde o temprano y es que existen historias que se alzan en torno a personajes y algunas obras sobre una idea. Esta novela yo creo que pertenece a ese segundo grupo, aunque al final sean los personajes el elemento más recordado frente a la idea. Tres mujeres, tres. Separadas por el tiempo, las circunstancias vitales y los escenarios por los que caminan. Tres mujeres que terminan dentro de la misma historia.

Precisamente en ese juego está uno de los principales atractivos de la novela, en la forma en la que Nuria Pérez une a esas mujeres y las personas que las rodean. Logra que viajemos de su mano desde 1873 a 1998 como si fuésemos agentes del Ministerio del Tiempo que observan como el hilo del destino une a Mary Hessler, Marta Soler y Adela Ferri. 

Lo consigue con tres elementos narrativos: una decisión, un objeto y una casualidad que como una obsesión atraviesan el tiempo y modifican la existencia de alguien que desconocemos, o que conocemos bien (pues también cada uno de nosotros podemos entender que somos ese alguien).

La novela juega con la idea de montar un rompecabezas. El lector de este modo tiene que montarlo, unir las piezas,  con fragmentos de tres historias mientras mantiene presentes los personajes, épocas, lugares y hechos. Es una novela, de esta forma, participativa donde el lector trata de averiguar donde está la unión de las historias, y se pregunta por cada nexo.

Llegados a este punto, amigos míos, quiero resaltar la claridad con la que se muestran los detalles, en una narración donde los objetos son más que mera decoración y lo cotidiano se convierte en memoria. Los elementos se convierten en personajes que actúan de testigos silenciosos de las vidas de los personajes de la novela.

Es a través de todo el conjunto que la autora nos lleva a esas novelas con historias largas y grandes hechas de relatos pequeños de personas que intentan vivir dentro de ella. Con ello consigue que uno como lector, tú o yo, tenga la sensación de que detrás de cada lugar existe algo más por descubrir.

Me ha gustado como juega con lo inexplicable y lo racional en esa frontera donde la casualidad parece destino y este se confunde con lo sobrenatural. Y, surge una pregunta, o no... Surgen varias preguntas, ¿hasta qué punto decidimos nuestra vida? ¿Hasta dónde influye el azar en ella? ¿Y, si acaso, ¿puede una decisión tomada por alguien en el pasado cambiar la vida de otra persona en el futuro?

Se podrían decir muchas cosas más de esta obra y de sus personajes. Sobre todo las mujeres como pilares de la historia. Pero eso sería alargar mucho este comentario y no quiero ser ni pesado ni pasarme a  "culto".

Así que resumiendo... "No tocarás" nos habla sobre los hilos invisibles que unen unas vidas con otras aún en distintas épocas. Una historia que parte de tres mujeres y luego finaliza hablando de algo más universal: nuestra necesidad de encontrar significado a lo que nos sucede. 

Estamos ante una obra, una pieza, que cae sobre el lector y hace que este también caiga creando una serie de ondas que afectan a todos y plantean preguntas a cada uno de nosotros como lectores.

No es un libro ni insípido ni a prohibir como lectura como está sucediendo con otros en muchos lugares. 

Os aseguro que a mi me apasionó, pero a ver a vosotros.

"RECTIFICAR ES DE SABIOS" de Bruno Lernout

 

Lectores:

Existen libros que te invitan a recordar cosas que explicaron a uno en algún momento docentes de alguna asignatura. En mi caso, el profesor de filosofía que teníamos en primero de BUP.

Recuerdo que nos dio en los primeros días de clase una charla donde nos explicaba que el ser humano siempre se está planteando preguntas sobre nuestra vida. Añadía que existían dos caminos para aventurarse en el encuentro con la respuesta: el camino del mito y el camino de la razón. Nos recordaba que en ese último también lo podíamos dividir en la razón a nivel de pensamiento y a nivel científico.

¿Quién creéis que tiene la verdad a esas preguntas sobre la vida, el mundo y el universo?¿quién sobre la existencia del bien y del mal?¿quién sobre la vida o no después de la muerte?

Su respuesta después de nuestro murmullo fue n TODOS. 

Es con esa idea con la de debemos enfrentar la lectura del libro de Bruno Lernout que lo que intenta es hacernos reflexionar sobre diversas certezas que hay en la Biblia, Y, lo hace desde la mirada del autor, Bruno Lernout, que busca las fisuras del mito (no hablo desde un nivel de fe y religión en ese aspecto, es mi apreciación personal) que incomodan pero que invitan a pensar.

La reinterpretación de genealogías, el simbolismo de los nombres, los cambios de modelo de civilización son de esos aspectos llamativos que la obra nos deja ver a los lectores. También el juego de paralelismos que hace, de reinterpretaciones y supuestos errores crea la idea de la Biblia como un texto cifrado, casi misterioso, que espera al lector adecuado.

Por otro lado se nos ofrece una reflexión personal sobre el Paraíso y su perdida, sobre el Apocalipsis como aviso de un futuro posible... No busca el misticismo profético sino la parte moral ante la evolución social humana con sus luces y sombras tanto a nivel de pensamiento como de acción.

Armas nucleares, el clima cambiante, tensiones globales ejemplifican un tono inquietantemente actual ante el que cerramos los ojos al mirar ciertos textos.

Tal vez la audacia sobre la reinterpretación del Mesías puede ser una de esas partes cuestionables y que cuestionan. El nacimiento de Jesús, el mensaje oculto en el texto de Mateo sobre su linaje... No trata, curiosamente, de negar la fe, sino de tratar de entender el símbolo como restaurador de la armonía y el equilibrio que la humanidad ha perdido.

El autor en este "viaje literario" intenta abrir puertas de pensamiento y no cerrarlas. Es me parece bueno, si el lector lo mira de la forma adecuada

En definitiva, "Rectificar es de sabios" no es un libro académico ni pretende serlo. Es un ensayo híbrido, provocador, algunos pueden decir que excesivo, pero siempre estimulante. Lo digo pues se traslada la sensación de que el autor escribe desde la mirada de un texto vivo, con capas que hay que descifrar como si fuesen los nieveles de conocimiento interior y exterior que el ser humano precisa ir encontrando. Es una obra para aquellos que disfrutan de lecturas alternativas, de las teorías que desafían lo establecido y de los libros que invitan a pensar más allá de lo evidente. Y, sobre todo, nos recuerda que su lectura es la interpretación de un acto creativo, un diálogo entre el autor de esta obra, Bruno Lernout, y el texto que nunca termina de concluir que es la Biblia.

Soolo puedo decir por mi parte que me pareció una lectura interesante y sugerente.

lunes, 12 de octubre de 2026

"The Peoples of Middle-Earth" de J.R.R. Tolkien

Amigos lectores: 

Hace mucho que comencé a leer "La Historia de EL Señor de los Anillos" y "La Historia de la Tierra Media". Mucho tiempo os aseguro que ha pasado desde mis primeras lecturas. Algo menos desde las últimas que han conllevado la aparición de los programas pertinentes en el Podcast Annavalaina (https://go.ivoox.com/sq/52861). Allí podréis ver lo que se dice.

¿Qué os puedo entonces decir aquí? Veámos.

Viajar por la historia de la Tierra Media es siempre un gozo, por eso al tener que hablar de este último volumen donde descubrimos textos, versiones, notas y reflexiones que permiten entrar en ese mundo siento cierta pena. Pena por como muchas veces explicamos la obra a otras personas y sobre todo a aquellas que nunca han leído a Tolkien.

La obra permite descubrir que escribir un libro es un viaje para el propio autor y que el texto no nace como una unidad al instante.  Nos enseña como Tolkien volvía sobre las historias ya escritas, cambiaba nombres, personajes, lugares, acontecimientos; y, en ocasiones los modificaba profundamente. Así este libro es como entrar en el taller del escritor.

Es algo profundamente educativo.

Para mi como lector de inicio una de las partes más interesantes es la relacionada con los pueblos y personajes de la Tierra Media. Nos muestra que no se quedaba en inventar nombres o historias para sus personajes, sino que buscaba construir para ellos una verdadera historia, idioma, tradiciones y forma de ver el mundo. Y, eso le da una profundidad muy particular y característica. Una profundidad que permite entender algo fundamental en Tolkien: la importancia de las lenguas, las palabras y la historia de estas. 

No nos muestra nombres como adornos de un festejo, sino que los relaciona con esas lenguas inventadas y la historia de esos pueblos. Creación lingüística y literaria unidas estrechamente con un propósito único.

Creo que para otros lectores la fascinación puede llegar desde las perspectivas diferentes de una misma historia. De las ideas que continúan y las que son abandonadas también llega esa atracción. De los textos que muestran personajes, acontecimientos que serán tal vez distintos en la obra final que uno conoce. En definitiva, como evoluciona la obra en un largo proceso lleno de diferencias, dudas, correcciones... Los cambios que llevan a la obra perfectamente construida que tenemos en nuestras estanterias.

Si, muestra la lector un proceso largo y con contradicciones. Lo que lo convierte en un libro especialmente interesante para quienes conocen la obra de Tolkien. Permite ver la obra en otra dimensión al ver sus versiones precedentes y saber que Tolkien siguió trabajando en ellas durante décadas.

No lo recomiendo como primera aproximación al autor para ello hay otros libros mejores. Este es un libro para quien ya conoce la obra y quiere ver su evolución a través de los materiales recopilados, textos inacabados, variantes y explicaciones que el hijo del autor, Christopher Tolkien, nos ofrece; pero que pueden ser densos para quien espera una obra de aventuras, pues no es eso. No es una novela de aventuras, salvo que hablemos de la aventura de escribir una obra y crear un mundo.

Su dificultad para muchos es también parte de su atractivo, la otra parte es descubrir el proceso de creación detrás de una obra y aprender de ello si uno pone la debida atención.

El libro nos recuerda que detrás de la Tierra Media existe una cantidad de trabajo, imaginación y reflexión enorme. No es simplemente crear historias, Es mucho más. Es crear pueblos, lenguas, mitos, diferentes versiones de un suceso imaginario. Se nos ofrece una oportunidad para conocer un proceso creativo (que Tolkien según algunos amigos llamaba "subcreación") que llevo a nacer un lugar en Arda llamado la Tierra Media. Es mirar las dudas, cambios y posibilidades.

Una sugerente lectura educativa tanto para quienes gusten de querer saber más de los mundos creados por J,R,R, Tolkien como sobre el proceso de escribir una buena historia.
 

"LA FLECHA NEGRA" de R.L. Stevenson

 

Saludos:

No hace mucho un conocido mío, al que podríamos llamar Varela de Muñiz, fue al cementerio de un lugar de la geografía española con un amigo, acompañaba a este para poner flores nuevas a sus abuelos. Este conocido es muy curioso y mientras su amigo colocaba las flores él se paseó por el cementerio y se fijó en las otras tumbas.

Una llamó su atención. Con detalle. Tenía escrita una cita de un personaje de "La Flecha Negra" de Stevenson. ¿Por qué un hombre de 90 años tenía una cita de ese libro en su lápida? Mi conocido se quedó conmocionado pues seguido le decían que ese era un libro juvenil y de aventuras.

Se acercó a su amigo, Varela de Muñiz, y le preguntó sobre el tema. Su respuesta fue: "Lo dejó escrito en su testamento a los 70 años y el notario se aseguró de que se cumpliese". 

Varela de Muñiz, mi conocido, retornado a Arzúa se preguntaba la razón de ese vínculo. Así me lo hizo saber a mi. Me puse a meditar sobre el tema, y volví a leer el libro.

Tras esa lectura y volviendo a pensar sobre ello concluí lo siguiente: 

"La Flecha Negra" es una novela de aventuras perfectamente ambientada en la Inglaterra de la Guerra de las Dos Rosas, una guerra entre "hermanos" y el señor pudo ver cierta semejanza con la propia Guerra Civil Española. Y, en ella obviamente tendremos castillos, batallas, persecuciones, traiciones, disfraces, romances; además de una historia de aprendizaje donde Richard Shelton irá descubriendo que el mundo no es ni como le contaron ni como imaginaba.

Los secretos de Sir Brackley, el propio pasado de Richard... Decisiones que tomar que llevan a que la aventura exterior sea un viaje de descubrimiento personal.

Tenemos además esa asociación La Flecha Negra cuyos miembros buscan venganza más allá de la justicia respecto de quienes abusan de su poder y cometen crímenes; y una flecha de color negro es su símbolo de justicia. Eso plantea una primera pregunta, ¿puede la venganza convertirse en justicia?

Así en un mundo dominado por la guerra, de alianzas cambiantes y frágiles y donde la lealtad no siempre se puede distinguir de la mera conveniencia. Cada personaje debe entregar su confianza con decisión a alguien, mientras los que tienen poder luchan por sus intereses. De esta forma el conflicto bélico pasa de ser un simple escenario a convertirse en un personaje más fuente de sufrimiento y destrucción.

Richard Shelton es un personaje en evolución, otros también lo hacen en un sentido u otro, que se de inicio acepta lo que le enseñaron y después cuestiona todo ello. Y, sus experiencias lo obligan a distinguir entre la lealtad ciega y la verdadera justicia, un proceso muy interesante en el relato de Stevenson. Junto a ello, el romance mostrado a través de Joanna que contribuye al abandono de la ingenuidad y a la toma de conciencia del valor de sus decisiones.

Está claro que para Stevenson el ritmo es importante en la historia. Huidas y combates, cambios de identidad y elementos inesperados hacen fluir la obra con una narrativa que parece solamente querer entretener y despertar curiosidad en el lector aun sintiendo en ciertas adaptaciones y traducciones, e incluso en su lengua original, que el lenguaje es difícil.

Yo con la nueva mirada que mi conocido, Varela de Muñiz, me trajo descubrí que para el adulto ofrece algo más. No solo venganza, violencia, justicia o ambición sino que presenta un mundo más complejo que la sencilla idea de buenos y malos que muchas veces se nos quiere imponer en la literatura y en el mundo real. Nos enseña que el mundo es complicado; y "La Flecha Negra" es mucho más que una novela de batallas y aventuras medievales. Es una historia de crecimiento y de descubrimiento que funciona a casi cualquier edad. Porque detrás de las formas permanece una cuestión fundamental: cuando luchamos por la justicia, ¿somos capaces de reconocer cuando nuestras acciones empiezan a parecerse a lo que queremos combatir? 

Es una buena pregunta que mucho hoy en día deberíamos hacernos tanto o más que la pregunta anterior que os dije.

Pensad en ambas buscando vuestra propia respuesta y leed la novela. Os lo sugiero con aprecio, como aventurarse a una nueva mirada más allá de la juvenil.