Amigos lectores:
El otro día en una reunión de un club de lectura hablaron en cierto momento de como trataban los profesores o los que llevan los centros a los alumnos. Hubiese sido un debate maravilloso pero al final todo se centró en el feminismo. Entiendo que se hiciera, pero el libro no era lo único que trataba y me hubiese parecido interesante que se tocasen otros temas sobre la sociedad, la educación, etcétera que también se trataban en la obra.
Tengo que reconocer que en ocasiones sucede lo anterior, algo que curiosamente descubrí con pena que se hizo con este mismo libro no hace mucho en una reunión entre amigos donde hablamos de lecturas y libros. Todos leímos este, pero curiosamente terminaron hablando de si el libro era más tendente a crear un clima protector al feminismo o al machismo. Y yo me quedé preguntándome, ¿por qué últimamente la gente esta tan centrada en hablar de machismo y feminismo sin mirar otras cosas de los libros? No lo entendí. Aún sigo debatiendo conmigo mismo al respecto.
Lo digo por lo que ahora sigue.
Si me he encontrado en estos días una autora cuya forma de narrar me ha gustado, e incluso apasionado, es Lucinda Riley. Este libro es una buena muestra de ello.
Prosa ágil, narrativa fluida, un buen juego con las palabras en la edición en inglés. Pero no desmejorada en la edición en español en ningún instante. Un juego de dos tiempo que atrapa por su forma de contar y expresarse hogareña, romántica y con toques que recuerdan la narrativa de Agatha Christie.
Para mi lo mejor es como más allá de la trama principal sabe bailar con las secundarias y con las diversas voces girando siempre entre lo idílico y lo duramente consciente que se hace el golpe real que la historia guarda.
Es un libro para disfrutar leyendo en un ambiente calmado como cuando uno se sienta a la pie de un árbol, a su sombra, una tarde soleada de primavera recibiendo la brisa en el rostro mientras lee.
Una escritora que me consiguió atrapar mientras leí la obra la primera vez, pero no tanto la segunda como en esa primera por motivos de que no la pude leer con comodidad.
Es un libro que tiene muchas cosas buenas de las que hablar y que tratar, pero ceñirse a un tema o meterlo con calzador cuando se habla de él, pues no sé. No termino de verlo necesario.
Personalmente me gustaría que se hablase de la fluidez del lenguaje usado, de como juega la autora con los personajes y el lector frente a ponerse a debatir si es un libro machista o feminista.
Yo os sugiero que lo leáis sin etiquetas, sin pensar en cosas que a lo mejor no llegáis ni a ver ni a percibir mientras leéis la obra y que os pueden parecer, si se meten con calzador en un debate sobre el mismo, como si se quisiera hacer una apología política totalmente innesaria para una obra que realmente puede hacer que un lector se distraiga y pueda pasar un rato de lectura sin más.
